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Cuando pensamos en endometriosis, probablemente la primera imagen que aparece es la de una lesión.

Una lesión en el ovario.

En el peritoneo.

En el intestino.

En los ligamentos uterosacros.

O en cualquier otra localización de la pelvis.

Y, por supuesto, las lesiones importan.

Son una parte fundamental de la enfermedad y deben diagnosticarse y tratarse adecuadamente cuando está indicado.

Pero existe una pregunta que cada vez resulta más difícil ignorar:

¿Puede una enfermedad con lesiones localizadas producir efectos que van mucho más allá de esas lesiones?

La evidencia actual apunta a que sí.

La endometriosis es una enfermedad inflamatoria, dependiente de estrógenos y asociada a dolor crónico, infertilidad y una importante afectación de la calidad de vida. Pero además presenta interacciones con el sistema inmunitario, el sistema nervioso, el metabolismo, el intestino y otros sistemas del organismo.

Esto no significa que todos esos sistemas estén alterados en todas las mujeres.

Significa algo más interesante:

la expresión de la endometriosis puede estar condicionada por la interacción entre múltiples sistemas biológicos.

Y esto cambia considerablemente la forma de entender la enfermedad.

La pelvis es donde vemos la enfermedad, pero no necesariamente donde termina

Una lesión puede estar localizada en la pelvis.

Pero las moléculas que produce esa lesión no tienen por qué permanecer allí.

Las citocinas circulan.

Los mediadores inflamatorios actúan sobre diferentes tejidos.

Las hormonas ejercen efectos a distancia.

El sistema nervioso procesa las señales procedentes de la pelvis.

El sistema inmunitario responde a los cambios del tejido.

Y el intestino y el hígado participan en procesos metabólicos que pueden modificar el entorno hormonal e inflamatorio.

Por eso, una enfermedad localizada anatómicamente puede tener consecuencias funcionales mucho más amplias.

Esta distinción es importante.

No estamos diciendo que la endometriosis sea una enfermedad que “invade todo el cuerpo”.

Estamos diciendo que la biología de la enfermedad no está confinada a la lesión visible.

El sistema inmunitario está profundamente implicado

Durante mucho tiempo se pensó en el sistema inmunitario principalmente como el mecanismo encargado de eliminar aquello que no debería estar donde está.

Pero la endometriosis nos obliga a observarlo desde una perspectiva mucho más compleja.

Las células inmunitarias participan en el microambiente de las lesiones.

Macrófagos, células NK, linfocitos, células dendríticas y diferentes mediadores inflamatorios intervienen en la comunicación entre la lesión y el tejido que la rodea.

La investigación actual describe alteraciones tanto de la inmunidad innata como de la adaptativa en la endometriosis.

Y esto resulta especialmente interesante porque el sistema inmunitario no funciona como una estructura independiente.

Está conectado con el sistema endocrino, el metabolismo, el intestino y el sistema nervioso.

Por eso, cuando observamos una respuesta inmunitaria alterada, debemos preguntarnos también:

¿qué otros sistemas están participando en esa respuesta?

Inflamación y endometriosis: una conexión central

La inflamación es una de las características más estudiadas de la endometriosis.

Las lesiones se encuentran en un entorno inflamatorio en el que participan citocinas, quimiocinas, prostaglandinas y diferentes células inmunitarias.

Pero la inflamación no es únicamente una respuesta local.

Los mediadores inflamatorios pueden influir sobre otros tejidos y modificar la actividad de diferentes sistemas.

Además, la inflamación puede relacionarse con el estrés oxidativo, el metabolismo celular, la función mitocondrial y el sistema nervioso.

Esto ayuda a comprender por qué una enfermedad que tiene una localización anatómica concreta puede tener una expresión clínica mucho más amplia.

Y también explica por qué inflamación, inmunidad, hormonas y dolor no deberían analizarse siempre como fenómenos completamente independientes.

El sistema nervioso también forma parte de la enfermedad

Hay otra conexión especialmente importante: la que existe entre endometriosis y sistema nervioso.

El dolor de la endometriosis no siempre se corresponde de manera lineal con la extensión de las lesiones.

Una mujer puede presentar lesiones aparentemente importantes y experimentar poco dolor.

Otra puede presentar lesiones menos extensas y, sin embargo, tener un dolor incapacitante.

Esto se debe, al menos en parte, a que el dolor es un fenómeno complejo.

En él participan:

  • los tejidos afectados;
  • la inflamación;
  • las terminaciones nerviosas;
  • el sistema inmunitario;
  • la médula espinal;
  • el cerebro;
  • y los mecanismos de sensibilización.

Cuando un estímulo doloroso se mantiene durante mucho tiempo, el sistema nervioso puede modificar la manera en la que procesa determinadas señales.

Esto ayuda a comprender por qué algunas mujeres pueden presentar dolor persistente incluso cuando las lesiones visibles no parecen explicar por completo la intensidad de los síntomas.

No significa que el dolor sea psicológico.

Significa que el dolor tiene una dimensión neurobiológica que debemos comprender.

Endometriosis y migraña: cuando aparecen enfermedades aparentemente diferentes

La relación entre endometriosis y sistema nervioso no se limita al dolor pélvico.

La investigación también ha estudiado la posible asociación entre endometriosis y migraña.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 encontró una asociación entre ambas condiciones.

¿Por qué resulta interesante?

Porque endometriosis y migraña pueden compartir determinados mecanismos biológicos, entre ellos:

  • inflamación;
  • señalización hormonal;
  • procesamiento del dolor;
  • sensibilización;
  • y mecanismos neuroinmunes.

Esto no significa que una enfermedad cause necesariamente la otra.

Una asociación no demuestra causalidad.

Pero sí puede indicar que existen mecanismos compartidos que merecen seguir investigándose.

El intestino tampoco funciona de manera aislada

Muchas mujeres con endometriosis presentan síntomas digestivos.

Distensión abdominal.

Estreñimiento.

Diarrea.

Dolor abdominal.

Alteraciones del tránsito.

Dolor asociado a la defecación.

En algunas pacientes estos síntomas pueden estar relacionados con la localización de las lesiones.

Pero no siempre es así.

Una mujer puede tener endometriosis pélvica sin afectación intestinal y presentar, aun así, síntomas gastrointestinales importantes.

Esto ha llevado a estudiar la comunicación entre:

intestino ↔ microbiota ↔ sistema inmunitario ↔ metabolismo ↔ sistema nervioso

La microbiota intestinal participa en procesos relacionados con el metabolismo, la inmunidad, la barrera intestinal y la transformación de diferentes moléculas, incluidas algunas relacionadas con el metabolismo hormonal.

Pero aquí también debemos ser rigurosos.

Que se hayan observado diferencias en determinados perfiles microbianos de mujeres con endometriosis no significa que la microbiota sea la causa de la enfermedad.

La relación probablemente sea mucho más compleja y bidireccional.

El metabolismo celular también puede estar implicado

Las células necesitan energía para funcionar.

Y la investigación está estudiando diferentes alteraciones metabólicas asociadas a la endometriosis, incluyendo cambios en el metabolismo de la glucosa y los lípidos, estrés oxidativo, metabolismo del hierro y función mitocondrial.

Las mitocondrias participan en mucho más que la producción de energía.

También intervienen en la señalización celular, la respuesta al estrés oxidativo, el metabolismo y diferentes procesos relacionados con la supervivencia celular.

Por eso, cuando existe un entorno inflamatorio mantenido, resulta interesante estudiar cómo está funcionando el metabolismo celular.

No significa que todas las mujeres con endometriosis presenten una alteración mitocondrial.

Significa que el metabolismo forma parte de la compleja biología que estamos intentando comprender.

¿Y qué ocurre con las hormonas?

La endometriosis está profundamente relacionada con la señalización hormonal, especialmente con los estrógenos.

Pero reducir esta relación a:

“tienes demasiado estrógeno”

puede resultar demasiado simplista.

Las hormonas no actúan de forma aislada.

Importan su producción, metabolismo, transformación y acción sobre los tejidos.

Y también importa cómo interactúan con la inflamación, el sistema inmunitario y otros mecanismos celulares.

Por eso, dos mujeres con concentraciones hormonales similares pueden presentar experiencias clínicas diferentes.

La actividad hormonal que ocurre en un tejido concreto no siempre puede comprenderse únicamente a partir de una determinación aislada en sangre.

El contexto biológico importa.

El sueño también forma parte de la biología de la enfermedad

Hay otro sistema que muchas veces olvidamos:

el sistema circadiano.

Dormir no es simplemente descansar.

Durante el sueño se regulan procesos relacionados con:

  • metabolismo;
  • inmunidad;
  • reparación tisular;
  • función endocrina;
  • sistema nervioso;
  • y percepción del dolor.

La investigación ha encontrado asociaciones entre endometriosis y alteraciones del sueño.

Y esto puede formar un círculo:

dolor → peor sueño → mayor sensibilidad al dolor → más fatiga → peor calidad de vida

Pero también puede existir la relación inversa.

Las alteraciones persistentes del sueño pueden modificar procesos neuroendocrinos e inmunitarios y contribuir a una mayor vulnerabilidad al dolor.

Probablemente ambas direcciones puedan coexistir.

Esto no significa que dormir mal cause endometriosis.

No existe evidencia para afirmarlo.

Pero sí podemos preguntarnos si el sueño y los ritmos circadianos pueden modular la experiencia y la carga de la enfermedad.

Y esta es una cuestión que merece mucha más investigación.

El organismo también necesita sincronización

Nuestro cuerpo funciona mediante ritmos.

Temperatura corporal.

Cortisol.

Melatonina.

Metabolismo.

Secreción hormonal.

Actividad inmunitaria.

Sueño-vigilia.

Estos ritmos están coordinados por el sistema circadiano.

Cuando el sueño se altera de manera persistente, pueden modificarse diferentes procesos fisiológicos.

Por eso, cuando hablamos de una enfermedad crónica, el descanso no debería considerarse un elemento completamente independiente de la biología.

Forma parte del contexto en el que funciona el organismo.

La endometriosis también se relaciona con otras enfermedades

Quizá uno de los argumentos más claros para dejar de pensar exclusivamente en la pelvis sea la aparición de determinadas comorbilidades.

Un estudio de 2025 que analizó datos clínicos de más de 40.000 pacientes con endometriosis encontró numerosas condiciones asociadas, incluyendo enfermedades autoinmunes, genitourinarias y otras categorías de comorbilidad.

Esto no significa que la endometriosis sea la causa de todas esas enfermedades.

Ni que una mujer con endometriosis vaya necesariamente a desarrollarlas.

Pero sí demuestra que la enfermedad puede coexistir con un patrón complejo de condiciones sistémicas.

Y eso es clínicamente relevante.

Incluso el sistema cardiovascular merece atención

Este es un campo que ha adquirido especial interés recientemente.

Un metaanálisis publicado en 2025, que incluyó siete estudios y más de 1,4 millones de participantes, encontró que las mujeres con endometriosis presentaban un mayor riesgo de enfermedad cerebrovascular y cardiopatía isquémica.

Otro metaanálisis posterior, con nueve cohortes y más de 1,67 millones de mujeres, encontró una asociación entre endometriosis y un 24 % más de probabilidades de eventos cardiovasculares mayores.

Estos datos no demuestran que la endometriosis sea la causa directa de las enfermedades cardiovasculares.

Existen posibles factores de confusión y mecanismos intermedios, y la investigación continúa.

Pero sí nos dicen algo:

la salud cardiovascular también puede formar parte de la conversación a largo plazo sobre la salud de las mujeres con endometriosis.

Entonces, ¿la endometriosis es una enfermedad sistémica?

Aquí tenemos que ser muy precisos.

No sería correcto decir:

“La endometriosis afecta a todo el organismo en todas las mujeres.”

Pero tampoco parece suficiente describirla exclusivamente como:

“una enfermedad de lesiones pélvicas”.

La forma más rigurosa de expresarlo sería:

La endometriosis es una enfermedad ginecológica crónica, inflamatoria y dependiente de estrógenos, cuya fisiopatología y expresión clínica implican interacciones con múltiples sistemas del organismo.

Y esas interacciones pueden incluir:

  • sistema inmunitario;
  • sistema nervioso;
  • metabolismo;
  • intestino y microbiota;
  • sistema endocrino;
  • sueño y ritmos circadianos;
  • salud cardiovascular;
  • además de los propios tejidos reproductivos.

Esto también explica por qué cada mujer puede vivir una endometriosis diferente

Volvamos a una pregunta que ya aparecía al principio:

¿Por qué dos mujeres con endometriosis pueden sentir un dolor completamente diferente?

Ahora tenemos más piezas.

Porque pueden diferir en:

  • localización y características de las lesiones;
  • respuesta inflamatoria;
  • sensibilidad del sistema nervioso;
  • perfil inmunitario;
  • contexto hormonal;
  • función gastrointestinal;
  • microbiota;
  • metabolismo;
  • calidad del sueño;
  • y coexistencia de otras enfermedades.

No significa que tengamos que estudiar absolutamente todo en todas las pacientes.

Significa que la enfermedad debe interpretarse dentro del contexto de cada mujer.

El problema de tratar los sistemas como si fueran independientes

Imaginemos una mujer con:

endometriosis + dolor pélvico + distensión abdominal + estreñimiento + migrañas + sueño alterado.

Podríamos tratar cada síntoma como un problema independiente.

Pero también podríamos preguntarnos:

¿Existe algún mecanismo de conexión entre ellos?

Tal vez exista.

O tal vez haya varias causas independientes coexistiendo.

La cuestión es precisamente no asumir de antemano ninguna de las dos posibilidades.

Hay que estudiar.

Diferenciar.

Priorizar.

Y comprender qué mecanismos tienen mayor relevancia en cada caso.

La visión sistémica no significa buscar una única causa

Este punto es fundamental.

Una visión integrativa no consiste en encontrar:

“la causa de la endometriosis”.

La enfermedad probablemente no tenga una única causa.

Intervienen factores genéticos, hormonales, inmunológicos, inflamatorios, ambientales y tisulares.

Una visión sistémica significa aceptar que diferentes mecanismos pueden interactuar y generar diferentes fenotipos de enfermedad.

No buscamos una explicación universal.

Buscamos comprender la configuración particular de cada paciente.

Quizá el diagnóstico sea solo el principio

Decir:

“tienes endometriosis”

es importante.

Pero no siempre responde a todas las preguntas de la paciente.

No explica necesariamente:

¿Por qué tienes tanto dolor?

¿Por qué estás tan cansada?

¿Por qué tienes síntomas digestivos?

¿Por qué duermes mal?

¿Por qué tienes migrañas?

¿Por qué tus síntomas empeoran en determinadas circunstancias?

¿Por qué respondes de forma diferente a otra mujer con el mismo diagnóstico?

El diagnóstico identifica una enfermedad.

Pero comprender su expresión clínica puede requerir observar mucho más.

Comprender las conexiones

La endometriosis nos plantea un reto.

No se trata de elegir entre:

lesión o organismo.

Ni entre:

ginecología o resto del cuerpo.

Se trata de comprender que una lesión forma parte de un entorno biológico.

Un entorno en el que participan células inmunitarias, hormonas, vasos sanguíneos, fibras nerviosas, metabolismo, intestino, microbiota y otros sistemas.

No todos estarán alterados en todas las mujeres.

Y no todas las asociaciones que encontramos en la investigación implican causalidad.

Pero estudiar estas conexiones puede ayudarnos a comprender mejor por qué la endometriosis se expresa de manera tan diferente entre unas mujeres y otras.

Porque quizá una de las preguntas más importantes no sea solamente:

¿Dónde están las lesiones?

Sino también:

¿Qué está ocurriendo alrededor de ellas y cómo está respondiendo el organismo de esta mujer concreta?

Comprender esa complejidad no significa complicar innecesariamente la enfermedad.

Significa intentar verla tal y como es.

Compleja, dinámica y diferente en cada mujer.